domingo, 7 de junio de 2009

Encuentro

¿Cuál es el principio de todo esto, Cuándo las estrellas empezaron a caer, Dónde están los cantos que un día alegraron los rincones del alma?...

Todo ha desaparecido, aun la más mínima esperanza de continuar ha dejado de existir, muchos de aquellos recuerdos que en algún momento pudieron alegrar el alma, hoy la destrozan como si fuera un cristal. Y en medio de esta soledad, de este trágico día, en el cual, todo lo que yo creía cierto, ahora es oscuro, me pregunta mi razón, ¿Por qué morir, Por qué dar la vida, TU vida por los demás, Acaso no debería hacer alguien lo mismo por ti? Y tiene razón, ¿Por qué morir?... ¿Acaso debemos morir por amistad? ¿Acaso debemos morir por amor? ¿Acaso debemos morir por honor? En ese instante supe, que no sabía por qué debía morir, que en el ocaso de la existencia, no sabia en realidad por qué, quería morir. Intenté darme una explicación... me dije: - debo morir por Dios, pero esa respuesta me sonaba tan vacía, como mi alma, ¿Acaso Dios quería que yo muriera por Él nada más? debía existir una razón mucho más profunda para que Dios demandara mi muerte, entonces dije, -debo morir por mis pecados, pero la sola idea de morir por algo que ya me había matado era ridícula, me senté en el suelo, debía sentirlo frio, pero mi capacidad de sentir, se había esfumado con todo mi ser.

No se cuanto tiempo pasó, la verdad el tiempo en mi estado resulta relativo, podían pasar 3 horas y para mi, habían pasado 3 minutos, como podían pasar 3 minutos y para mi habían pasado 3 horas, mire a mi alrededor y no vi a nadie, todo estaba en tal silencio, que resultaba un crimen respirar. Todo lo que conocí un día, ya no estaba, aquellos amigos de la infancia, juventud y madurez, habían desaparecido sin dejar rastro, solo estaba yo... comencé a vagar por los pasillos de aquel lugar, el silencio me estaba matando, así que decidí hacer ruido, pero el silencio era más fuerte que lo consumía, me dije, debo estar muerto, pero no era así, un vidrio me hizo volver a la "vida" al incrustarse en mi pie... la sangre salía a borbotones, pero yo veía que nunca se acababa, y de pronto, una de esas ideas locas que cruzan por la mente de alguien desesperado, acabar con mi vida, dispuse todo para que mi final no fuera doloroso, así que decidí lanzarme desde un pequeño balcón, lo único que recuerdo hasta ese momento fue el impacto contra el suelo...

Todo estaba oscuro, mi cabeza me dolía, mi cuerpo no me respondía, pero sin embargo, estaba allí, tardé un poco en recobrar la conciencia, me levanté y para mi alegría, o mi tristeza, -como quiera que sea- mi intento por quitarme la vida, había fracasado, otra persona lo hubiera intentado de nuevo, yo, con el dolor que tenia, no quería experimentar de otra vez. Me reí un poco, me dije - eres un fracaso, ni quitarte la vida puedes, no eres capaz de deshacerte de algo tuyo- y en ese momento sentí una sensación extraña... ¿Algo tuyo? ¿y quien te dijo que la vida es tuya? si fuera tuya, hace mucho tiempo te la hubieras quitado, porque no sabrías como manejar semejante don, rápidamente miré a todos lados, grité, - ¿Quién anda ahí?, ¿Quién eres? todo volvió a quedar en silencio, pero no era ese silencio que mataba, sino un silencio que daba respuesta... en ese momento escuché un voz muy familiar que me decía, ¿Quién soy? llevo toda TU vida contigo, voy a donde TU vas, estoy donde TU estas, vivo donde TU vives, como de lo que TU comes, duermo donde TU duermes, y me preguntas, que ¿quién soy? En un momento por adivinar el nombre de mi acompañante, le dije... ¿Dios, eres Dios?... un silencio antecedió, aquella risa, pero no era burlona, era una risa de esas que te dan la razón o por lo menos en parte de lo que tu dices.... ¡SI! Dios, o algunos me llaman así, otros me llaman, Alá, otros me llaman Jehová, otros Yaveh, en fin... yo soy el que soy.

Aquella confesión fue impactante... el mismo Dios, estaba conmigo en aquel lugar, le dije... perdona mi falta de reverencia, y me fui a arrodillar, cuando me dijo... no lo hagas, hay vidrios en el piso y puedes cortarte de nuevo... mejor sígueme y hablemos, feliz de la vida, le dije como ordenes Señor... y me dijo... Siempre es como yo ordene, pero... ¿nunca haces las cosas porque quieres? si yo te dijera, súbete a un balcón más alto y lánzate... sabiendo que eso procuraría tu muerte... ¿lo harías?... dura pregunta, Dios me estaba preguntando si era capaz de ir en contra de mi naturaleza preservativa, aunque ya lo había hecho una vez, el sentimiento no fue agradable...

De nuevo volví a sentir ese silencio que mata... pero Él cortó la conversación diciendo... Mira como estas de sucio, y esa herida se ve fea, ven sígueme y te limpiaré, esta vez no respondí como ordenes Señor, esta vez le dije, si Señor, pero al momento de seguirlo, me percaté de algo y le dije, Señor, pero ¿cómo te sigo si no se donde estas? a lo que Él respondió... ese ha sido tu error siempre me buscas donde no estoy, ¿Que no te dije que voy a donde TU vas? Hijo mío, eres duro de tratar, dale camina... Me sentía como un niño, cuando un padre le enseña, Dios volvió a decir, vamos, sígueme... y mis pies comenzaron a moverse.

Después de un tiempo de caminar en silencio, llegamos a una fuente, Dios me miró... o eso sentí y me dijo... báñate ahí para poderte limpiar esa herida, obedecí, puesto que la herida me estaba matando, al sumergirme en el agua, vi como toda la suciedad y la sangre caían de mi cuerpo, le dije a Dios -Dios, que ha pasado con toda la gente que había en este lugar... No me respondió, así que decidí volver a preguntar... Dios que ha pasado con... y entonces me volvió a decir, ¿Por qué preguntas por la gente?... ¿por qué mejor no preguntas por ti? no entendí lo que Dios me quería decir, ¿preguntar por mi? pero si yo sabia que había pasado conmigo... y Dios como siempre, leyendo mi mente me dijo... ¿si? entonces respóndeme, ¿Qué ha pasado contigo?

un frio recorrió mi espalda, intentaba decirle a Dios que había pasado conmigo, pero no pude decirle nada, así que opté por la salida fácil -pues Dios, tu sabes que ha pasado conmigo a lo que Él me respondió, -a la verdad si sé que ha pasado contigo, pero ¿lo sabes tu? y la verdad es... que no lo sabia, Dios volvió a reírse, y me dijo, listo ya estas limpio, para cuando miré, mi herida estaba limpia, y mi ropa estaba blanca, entonces procedí a caminar, cuando Dios me dijo... Hijo, ¿por qué nunca prestas atención? te acabo de curar la herida de tu pie y ya vas a ponerlo de nuevo en tierra sucia, donde de seguro se te va a abrir esa herida y luego tendrás que volverte a lavar... eres duro de tratar hijo, le dije, Señor, pero entonces ¿cómo voy a caminar? y me dijo, apóyate en mi... por poco incurro en el error de antes, de decirle que no lo veía, pero retuve mi lengua, pero supe que Dios sabia que yo casi iba a decir eso, así que mejor preferí sentarme y esperar a que la herida sanara. Por alguna extraña razón, no volví a sentir el pasar del tiempo, y algunas sensaciones habían vuelto a mi, cómo el hambre, el cansancio, el frio, pero todas se hacían irrelevantes cuando se trataba de la sensación más grande que era la soledad, aunque ya me había acostumbrado a hablar con Dios, no dejaba de sentir esa necesidad de verlo, a lo que Dios al notar mi preocupación, me dijo... mírate en el agua...

Tardé un poco en reaccionar, pero eso a Dios no le molestó, quizás se dio cuenta que yo estaba pensando las cosas y que no obedecía porque si... cuando me vi en el reflejo del agua, Dios me preguntó, ¿que ves?... le dije... me veo a mi, Señor, a lo que el respondió ¿No ves nada más? le dije, no, Señor. Con voz triste Dios me dijo... ese es TU problema, no ves más allá de lo que está, ¿Sabes que veo yo?... Veo un universo, que ríe, que sufre, que llora, que corre, que es valiente, que tiene miedo, que es listo, que es torpe, que está lleno de contradicciones, pero a la vez tiene claro su destino.

Asombrado por lo que Dios veía, decidí verme en el reflejo del agua... y Dios me dijo, mira tus ojos, y vi, toda mi vida, todo lo que fui, todo lo que soy y todo lo que seré, vi muchos yo y a ninguno, vi lo que podía hacer, vi lo que debía hacer y vi lo que quería hacer... llorando le dije a Dios, ¿cómo voy a logar realizar todo eso? y el me dijo, de la misma forma como lograras caminar con esa herida... apoyándote en mi.

Solo quedaba una incógnita, y antes de proferir la pregunta... Dios me respondió diciéndome... ¿te acuerdas que fue lo primero que te dije cuando hablamos?, le respondí, si Señor, me dijiste que la vida no era algo mío, a lo que Él me respondió... correcto, ahora espero que tu pregunta de ¿Por qué morir? esté resuelta... ¡Claro!... todo el tiempo, la respuesta había estado conmigo, pero como me dijo Dios... soy duro de tratar, hay que morir para recobrar la vida, porque... ¿Cómo perder algo que nunca has tenido? morir no significa tan solo fallecer, morir implica dejar atrás todo lo que uno es, morir implica empezar otro camino, esta vida, que yo digo que es mía, en verdad no lo es, es tan solo un préstamo que Dios me ha hecho, para que logre llegar a mi verdadera vida, ahora todo tiene sentido...

Por Dios bendito... he de llevar mucho tiempo en esta cama, mi pie, mi pie ya no me duele, ya no hay herida, ya no estoy sucio, y el sol brilla por la ventana... me levanto, voy al baño y me miro en el espejo... por unos instantes veo ese universo que alguien vio, y como si de una acto reflejo se tratase me dije: Eres duro de tratar… hijo...

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