Querido Hermano:
He leído atentamente tu vida, cruenta batalla que has librado hasta los confines del mundo. Yo también he luchado, espada en mano he librado batallas, pero no por mi, sino por mi nación, por mi rey, al que algunos dicen no conocer y otros simplemente no le siguen. Yo sin embargo he hecho un voto de lealtad con él, prometiéndome no descansar hasta acabar mi tarea.
Al igual que tu mis enemigos me han herido mortalmente, han hecho de mi su blanco predilecto y he acabado con ellos. Pero no es sobre mi vida que quiero hablar es sobre algo que aprendí en el fragor de la batalla.
Hermano, no somos más que carne, más que hueso, pero lo que nos impulsa a luchar son los ideales, quizás nuestra carne sea susceptible de morir, pero un ideal... es a prueba de muerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario