martes, 9 de noviembre de 2010

El.

Querido hermano:


He estado presente en muchos momentos del mundo, he visto caer imperios y también he visto grandiosas victorias, pero la historia me ha mostrado que todo en éste mundo es pasajero, pude yo luchar en batallas importantes, desgarrar las vestimentas de mis adversarios con mi acero, hice rendir grandes generales ante el estandarte de mi pueblo, soy parte de la historia y a la par no soy nadie más que un simple humano, un cuerpo ocupando un espacio, soy mera materia.


Hechiceros intentaron destruirme, y jamás lo lograron, quizá fui bendecido por los dioses, o quizá solo he tenido buena suerte, desconozco la razón por la cual he ganado la cruenta batalla a la vida pues han apuñalado mi costado y he sobrevivido, me han herido gravemente y no he muerto, sigo caminando con ímpetu juvenil a pesar de las constantes heridas que me propinan aquellos que tuvieron valentía de acercarse a mi.


Formado en las artes de la guerra, políticas y filosóficas, he conseguido forjar mi propia vida, luché incansablemente contra un guerrero de noble condición durante más de cinco días, nuestras armas se desgastaron al segundo sol, al tercero decidimos batallar con nuestras propias manos, aquí la victoria no era de alguno, pertenecería a quien tuviera las suficientes fuerzas para continuar.


Al cuarto sol mi cuerpo no soportaba más las inclemencias del cansancio, ni las arremetidas enérgicas con las que mi contrario impactaba mi humanidad, de tajo y con un fuerte puño logró desestabilizarme, caí al suelo, estaba indefenso, con su pié torturó mi espalda y abdomen, pensé que sería el fin, por un momento todo fue oscuridad, de repente sentí una energía que se apropió de mi, ¿fue Apolo o Asclepio?, mi maestro en la religión me dijo alguna vez, que era el primero o el segundo quien tenía la curación en sus manos. Sea como haya sido, pude derribar a mi oponente, retomar fuerzas y propinarle un castigo severo.


El quinto sol trajo consigo mi victoria, pude derrotarlo, sucumbió ante mis manos, pero no fue así como quise acabar con el, entregué sus despojos al templo de sus dioses, e inmolé un sacrificio para que recibieran a aquel que por cinco soles batalló ferozmente conmigo. 


Borré mis pasos de aquel lugar y me marché lejos, donde nada ni nadie me encontrara, aprendí entonces, que la existencia no es más que un sinnúmero de luchas propias y ajenas, de victorias y derrotas. Jamás tuve compasión de nadie, acababa con sus vidas en la forma en que fuese necesario, todo para conservar la mía, fui odiado y despreciado, a la par fui temido y respetado, quizá muchos mitos se creen al rededor mio, quizás nunca sea recordado, sin embargo hoy tu conoces mi historia, un varón luchador como yo reserva su nombre para que en el futuro me llamen a su libre antojo, sin marcar más que las vidas de quienes murieron bajo mi acero o mis manos, soy yo indomable e inmortal.


Adiós.

No hay comentarios: