He quizá perseguido cada uno de mis sueños, algunas veces he logrado lo querido, otras sencillamente el error me ha separado de alcanzar mi meta. He recorrido muchos caminos, algunos de ellos han traído algunas buenas experiencias para mi, me han precisado grandes enseñanzas, aunque algunas veces ellas tengan que traer con sigo alguna clase de dolor.
Ahora con mi cabello ya blanco por el impetuoso paso del tiempo, he de detenerme por un instante para pensar en lo que he vivido y lo que ello me ha enseñado. He tenido la grata experiencia de conocer muchas personas a lo largo de mi corto paso por esta vida y cada una de ellas han traído consigo grandes experiencias, sin embargo hoy escribiendo estas lineas que tu lees, soy sincero al decir que no he conocido el amor.
Verás que a lo largo de mi existencia, he cosechado tan buenas amistades, como desastrosos amoríos, he tenido que aprender tan lentamente del amor, que por ello considero, jamás lo he conocido. Mis ojos han visto llegar y retirarse a tan pocas mujeres, que no logro describir cuando pude haberme sentido realmente enamorado, pero, quizá hubo una mujer que pudo llenar de cierto tipo de alegría a mi corazón y muy a pesar mio jamás pude siquiera saber cuan maravilloso sería sentir el roce de sus labios, aquellos labios tan majestuosos como un rubí.
En la elocuencia que entramaba mi corazón, jamás supe decir las palabras asertivas para lograr conocer más de ella, simplemente me acercaba tímidamente como un pequeño crío de león que se acerca tímidamente a una presa pequeña, temeroso al no saber que hacer. Presuroso algunas veces decía incoherencias, otras tantas ni siquiera pronunciaba alguna palabra.
Era tan fantástico verla, que tan solo eso me producía sosiego, aun hoy verla o escucharla me causa tales cosas, cuando por golpes de suerte la tenía en frente, me quedaba contemplándola, como cuando un amante del arte contempla una obra maestra; pues que era ella, sino una hermosa obra de arte, su tez blanca como las nieves que cubren los jardines y praderas, sus ojos color miel tan profundos que parecen ser un gran océano, y ni que hablar del suave sonido de su voz, tan reconfortante como el suave sonido de una brisa de verano.
Ahora me cuesta trabajo decir, que cuando tuve algún viso de esperanza, no lo vi, quizá estaba ciego de momento; y cuando reaccioné, vi que se alejaba de mi vida, fue allí y entonces, cuando este pobre corazón sufrió una profunda herida abierta con mis propios actos, yo mismo puse allí aquella daga que deshacía mi corazón.
Aún hoy puedo verle desde lejos, pero ella ya no puede pertenecer a mi vida, pues su camino ya está junto de otro hombre, y yo aquí desde esta pequeña mesa, iluminada por una pequeña lampara, la observo desde la distancia, sin más esperanza que algún día su mirada se cruce de nuevo con la mía, quizá a ella le deba lo poco que se de amar, y a la par, no puedo juzgarle por mi poca valentía al callar lo que sentía.
Ya mis manos maltrechas por el rigor del tiempo, se despiden de quien lea estas letras, de quien conozca esta tristeza que se ensaña cada vez más en mi, jamás pude conocer el amor, ni tampoco un solo beso suyo. He llamado letargo a estas frases, pues es ese el estado en el que vivió y vive mi corazón, esa somnolencia causada por la necesidad de amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario