Veo que se pierde el tren en el horizonte, no se que pienses ahora que te has ido, pienso que tal vez tus lagrimas ruedan por tus mejillas, quizá me equivoque, pero deseo soñar despierta e imaginar que es así amor. Tal vez ahora tenga que ver la realidad, tu marcha comenzó y a la par mi espera nació.
Nuestra despedida fue tan amarga como la hiel, aunque apasionantes fueron tus besos, encendias la llama de mi ser con tan solo tocarme con tus manos, acariciando mi rostro, secando mis lágrimas me dejabas perpleja, escuchando una promesa que solo sabrá Dios, puedas llegar a cumplir. Anguistia es lo que me provoca un dolor tan dentro de mi alma, que ya no se si quiera ser feliz, se que te prometí que así sería pero tu sabes que es una mentira fundada para evitarnos el dolor con el adios.
Vete, vete ya, eso te decía yo, pero aquello no era más que las palabras que deseaban escuchar tus oidos, porque sabes bien mi ser anhelaba que te quedaras aqui conmigo contemplando más atardeceres y muchos amaneceres. ¿A donde llegarás? amado mio desearía saberlo pero ni tu mismo pudiste tener aquella oportunidad de saberlo, ¿cuando volveran a verte mis ojos?, desearía que aquel horizonte que ya ha desvanecido la figura del tren me lo dijera, pero suena tan irreal como utópico, dimelo tu mi dulce amor, hasta cuando será la espera.
Ya no se que más escribirte, mis letras no son suficientes para describir lo agobiada que me siento por la pesadez del dolor que me embarga, mis ojos ya no pueden diferenciar los objetos pues se encuentran llenos de lagrimas, dificilmente puedo escribirte esta carta que aun ni siquiera se, puedas llegar a conocer.
La espera de tu regreso se convertirá en la más grande que en mi vida haya tenido que pasar, la ausencia de tu cuerpo, de tus besos, de tus miradas, de tus palabras tan hermosas, hacen que mi cuerpo se desvanezca y se desplome desgastado por la tristeza y el llanto. Aquí te esperaré mi amado.
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