La he amado más que a mi vida, la amo más que a nada en este mundo, y ha permanecido por más tiempo en mi mente, que el recuerdo más bello de mi infancia o de mi adolescencia. Una noche bailé con ella, la sujetaba firmemente y a la vez suavemente para no hacerle daño a sus dóciles manos, su piel era tan suave como un terciopelo, quise besarle, pero hubiese sido inoportuno, preferí y decidí observarla y disfrutar de aquel momento, aquel que hasta ahora no se ha repetido.
Han pasado por mi vida muchas mujeres, a varias de ellas las he querido, pero realmente a ninguna la he amado, aunque resulta irónico ver que el amor no es más que un disfraz del querer, y querer no es más que un sentimiento superfluo, si realmente la he amado, no puedo medir cuanto ha sido, y si la he querido, tal vez no lo he hecho realmente.
Mis propios pensamientos me cuestionan, me preguntan si realmente me he esforzado por lograr alcanzarla, pero sé que no he tenido la fuerza suficiente para acometer con valor y luchar por su amor. Ondeo el estandarte de aquella pasión que hace fervoroso el sentimiento que sea cual sea, siempre he sentido por ella, ello no basta, no alcanza, porque es tal aquella distancia que me separa de ella, que no alcanzaría ella a observar la bandera de mi corazón.
¿Para qué derramar lagrimas por esta derrota?, ¡no serviría de nada! dice mi corazón con fuerza, ¡busca la forma de conquistarla maldita sea!, yo le respondo, ¿cómo puedo yo, un simple hombre conquistar tal belleza? ¿como puede un lacayo conquistar a una princesa?, ¡LUCHA!, nuevamente grita mi corazón, ¿luchar? ¿cómo hacerlo si no tengo fuerzas para reparar mi ya lastimada vida? ¿no estás cansado mi querido corazón de ser estropeado por las continuas victorias ajenas y no las propias?. Mi corazón se queda callado por un momento, pero nuevamente y con más energía que las veces pasadas grita ¿NO ESTÁS TU CANSADO DE VERTE DERROTADO Y HACERME DAÑO?, ¡no me importa quiero que luches por ella!, ¡quiero que seamos felices con ella!.
Ella, entre tanto sigue viviendo su vida, y yo mientras tanto consumo la vida con luchas entre mente y corazón, entre querer y no querer. Conseguiré algún día llegar a su corazón, y sabré que di todo de mi, pero hasta tanto, sigo relegado a ser apenas una persona más de éste mundo, un cuerpo, un ente, algo.
Amarla desde esta cloaca en la que vivo, no es sabia decisión, convencer a su corazón que realmente la amo, es una tarea que deberé emprender cuando las fuerzas sean tantas, que desborden de mi vida.
Con amor...
J. Armand
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