domingo, 8 de mayo de 2011

El Laberinto del Viajero

He comenzado mi recorrido, aún apenas si me he separado de ti unos cuantos kilómetros que en comparación con lo que me haces falta, son una distancia muy corta, he abandonado al ser que más amo por encima de cualquier otra persona en el mundo, he tenido que dejarte y con ello mi corazón se ha comenzado a herir con la daga provocada con el alejarme de tus dulces brazos.

todo esto es como encontrarme inmerso en una pesadilla, aún no puedo tomar conciencia del hecho de no estar junto a ti, desearía ver que simplemente es eso, una infortunada pesadilla; pero no, no es así, cada kilómetro que avanzo, cada vez que el paisaje va siendo cambiante me doy cuenta de tu distancia y de tu ausencia. Desearía poder llorar pero sería infructuoso, pues con ello no alcanzaría si quiera verte despidiéndote del tren.

Ahora que las voces de los demás se han silenciado puedo pensar en ti, puedo sentir aun el roce de tus labios cuando besaban tranquilamente y a la par apasionadamente los míos, tus besos son de fuego pero mi llanto y la distancia los han ido apagando lentamente. Me preguntaba por qué tenía que irme de tu lado, justo cuanto más enamorado estoy, pero no puedo encontrar una explicación razonable que ose explicar éste suceso, éste juego despiadado del destino.

Amor, eres toda la elocuencia en mi vida, eres tu todo mi existir, cuando mis manos necesitan escribir para ti, mi cerebro elucubra las mejores palabras y las teje en una sinfonía armoniosa, la cual quizá puedo equiparar a una rapsodia escrita por un gran director de orquesta. Y sabes, ya que me refiero a ello, desearía que mis palabras se convirtieran en canciones para ti, llena de armonías y transportes, conjurando una exquisita canción, llevada a su máximo esplendor por una gran orquesta, una sin igual.

Dejaría que el saxofón con sus notas más lastimeras recordaran el dolor que siento desde mi partida, es más, aquel dolor que sentía mucho antes de partir. Con los sonidos de los violines y las violas, sonarían los momentos más hermosos y llenos de alegría que vivimos, los oboes y flautas traversas harían el compás de nuestros dulces besos, las trompetas retumbarían cada vez que mis ojos vieran tu rostro celestial. La celesta, el celo, el bajo, el contra bajo y todos los demás instrumentos serían representativos de todos nuestros momentos vividos, tanto tristes como alegres, tanto llenos de pasión como de soslayo.

Quisiera amor mío que la lluvia cuando cae rozara tu suave piel por mi, anhelaría que aquellas fueran mis manos, y la brisa fuese aquella mensajera de mi corazón. Oh mi dulce amor, soñaré y estaré expectante cada uno de los días que tenga que tardar éste viaje, para poder regresar a tus brazos y sentir nuevamente el fuego pasional de tus labios, beberé de aquellos cuando por fin este a tu lado pues seré como el caminante en el desierto al encontrar un gran oasis, saciaré mi sed hasta el cansancio, refrescaré mi pobre alma con el manantial de tu ser, seré nuevamente feliz pues una vez más tendré al amor de mi vida atada a mis brazos.

Por último amor mío quiero hacerte saber que no será la única carta que te escribiré desde la distancia, pues así recorra yo todas las conjugaciones entre verbos, sujetos, predicados y objetos, seguiré entonando dulces versos para ti, seguiré siendo el escritor de nuestras vidas, seré el autor de los más bellos versos, los cuales no me interesará jamás hacerlos conocer del mundo, porque para mí es más satisfactorio que sólo los conozcas tu pues, tu eres mi mundo.

Te amaré hasta que mis fuerzas y la indomable tombola de la vida me lo permitan.

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