Cuenta aquella historia, que un pequeño guerrero de una tribu ancestral, consiguió un día disfrazar a la luna de sol y al sol de luna. ¿cómo hizo el tal hazaña?, fue su espíritu intempestivo e incansable que lo animó a hacerlo, pero ello no comienza aquí.
Cuenta aquel juglar a las personas que lo escuchaban a la luz del fuego y el frío provocado por la penumbra de la noche, que aquel pequeño un día su corazón entregó a un amor que jamás le fue correspondido, el era hijo de un sacerdote de una tribu, sus designios se encaminaban a ser el protector de aquella, y quizá algún día regente de sus pueblos. Era aquella una época de luchas eternas y de historias increíbles, pero aquel, habría de cambiar la historia.
Juglar: oigan todos bien, que su historia contaré, fue el pequeño Zed quien un día cambió aquella luna oscura, por un eterno sol, las noches eran oscuras, frías y de temor, pero aquel pequeño guerrero su nombre inmortalizó.
Con una mirada todo comenzó, fue aquella dama de lacio cabello azabache quien su alma conquistó, basto una sonrisa, y el pequeño cayó. Las redes de aquel amor le habrían de cambiar su vida, fue aquel remanso de pasión que sin duda lo inspiró a conquistar tal amor, que su alma desangró.
Poco tiempo transcurrió y aquel niño ya creció, un varón de noble estirpe, ante el templo predicó que seria recordado como noble protector, ZED ME HAN LLAMADO, Y AUNQUE MUCHOS SE HAN BURLADO, MI NOMBRE RECORDADO, SERA EN LA INFINIDAD DEL TIEMPO, fue tal fuerza la del grito, que aquel retumbó y hasta las tumbas de sus ancestros el pequeño resquebrajó.
Mal humorado y cansado un día decidió, en gesto sincero demostrarle a aquella dama que algún día vio, que la amaba con locura y que su corazón ella conquistó. Subió a el monte más alto de aquella aldea, donde algunas palabras pronunció, la espesa noche que cubría, me enorme luz se pobló, la luna ya no parecía ser distante nunca más, y aquellas tierras desprotegidas se llenaron de tal paz, que a ello lo llamaron día para siempre jamás.
Fue tal gesto mis oyentes, que la luz nos proporcionó, para cuando despertáramos del sueño, viésemos nuestros pasos y el esplendor de estas tierras de verdes prados, por donde un día un pequeño héroe con sus labios pronunció: Luna distante y eterna a ti os pido un favor, toma mi vida e ilumina aquella que es mi gran amor, ya no importa mi vida, brilla con fuerza por favor.
Y aquella dama que no lo amaba, aquella noche comprendió, cuando la luz mas fuerte brillaba, que Zed el guerrero realmente la amó, y llorando estremecida, a aquel hombre le prometió amarlo ahora y de por vida.
Sin miedos cumplió su promesa, hasta que un día la venció el paso de los años y si vida le arrebató.

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